27 de abril de 2010

PARASHA SEMANAL

Parashá 31 Emor

Levítico 21:1 – 24:23
Por Dr. S. K. Blad


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Aliyás de la Torá:

1. 21:1-15
2. 21:16 – 22:16
3. 22:17-33
4. 23:1-22
5. 23:23-32
6. 23:33-44
7. 24:1-23
8. Maftir: 24:21-23

Haftará: Ezequiel 44:15-31

Los Escritos Apostólicos: Mateo 22:1 – 24:51

Emor

Significa “habla”.

Comentarios

Primera aliyá, 21:1-15

21:1 “HaShem dijo a Moshé: Habla a los sacerdotes, los hijos de Aharón, y diles: "Ninguno se contamine con persona (fallecida) entre su pueblo” – Después de haber hablado a todo el pueblo, ahora Moshé recibe la orden de hablar sólo con los sacerdotes. El pueblo en general necesita vivir en santidad, pero nos sacerdotes tienen la responsabilidad de vivir en un nivel de santidad superior al pueblo, porque tienen el derecho de estar más cerca de HaShem en el servicio del santuario. Como los mandamientos traen santidad, los sacerdotes tienen más mandamientos que el pueblo. En esta sección HaShem está dando instrucciones a los sacerdotes para que puedan mantenerse en su estado de santidad. Un sacerdote no puede tocar un cuerpo muerto. La palabra hebrea que ha sido traducida como “persona” es “nefesh”[1] que significa “alma”. En este caso la Torá llama un cadáver humano “alma”.



21:2 “salvo por su pariente más cercano (su esposa), su madre, su padre, su hijo, su hija o su hermano” – El sacerdote común sólo puede contaminarse por la muerte de siete tipos de familiares: esposa, madre, padre, hermano, hermana soltera, hijo e hija. Por estos debe guardar luto e interrumpir su servicio en el templo el día de su entierro.

Esta ley tiene una excepción llamada “met mitsvá”. Un “met mitsvá” es un cadáver que es encontrado en un lugar desértico o uno que ha muerto que no tiene parientes que se ocupen de su funeral. Cuando no hay otra persona que pueda realizar el entierro, el kohén debe hacerlo aunque se contamine. No obstante, no pierde su ministerio sacerdotal por eso.

Teniendo en cuenta estas normas es más fácil entender las reacciones del sacerdote y el levita en la parábola del buen samaritano, cf. Lucas 10:30-35. Ellos quizás no sabían si el hombre herido estaba vivo o muerto. Si el hombre estuviera muerto tenían que evitar el contacto con su cadáver para no contaminarse y perder su ministerio, según la Torá. Y como era un camino transitado no podía ser considerado un lugar desértico. Por esta razón no tendrían la responsabilidad de enterrarlo según la ley del “met mitsvá”.

Ahora, en el caso de que el hombre estuviera vivo, habría que ayudarle para salvarle. Parece que el sacerdote y el levita no estaban interesados en saber si el herido estaba vivo o muerto y eso ya fue una falta grave. Y en el caso de que supieran que el hombre estaba vivo, cometieron un delito grave por no ayudarle, según el mandamiento que vimos en Levítico 19:16b donde está escrito:



“No te quedarás quieto ante la sangre de tu prójimo.”



21:3 “o por su hermana virgen, que está cerca de él, por no haber tenido marido; por ella puede contaminarse” – Cuando la hermana se haya casado, el sacerdote ya no tiene el derecho de tocar su cadáver o asistir a su entierro. El mandamiento de mantenerse alejado de todo otro cadáver se sigue guardando hoy en día entre los varones descendientes de los sacerdotes en el pueblo judío. Un varón kohén no puede tocar un cadáver o permanecer bajo un mismo techo con uno de ellos. Este mandamiento no aplica a las mujeres hijas de los sacerdotes.

Uno de los talmides del Rebe Yeshúa, Yojanán, era conocido del sumo sacerdote, como está escrito en Juan 18:15:



“Y Shimón Kefa seguía a Yeshúa, y también otro discípulo. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Yeshúa al patio del sumo sacerdote”



Parece que este Yojanán era de una familia sacerdotal. Y esta sería la razón por la que no quiso entrar en el sepulcro de Yeshua y contaminarse, como está escrito en Juan 20:4-5:



“Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Kefa, y llegó primero al sepulcro; e inclinándose para mirar adentro, ve las envolturas de lino puestas allí, pero no entró.”



21:4 “No se contaminará como pariente por matrimonio entre su pueblo, pues se profanaría.” – Según Rashí, esto significa que un sacerdote no puede contaminarse por el cadáver de una esposa no apta para él, mientras que ella esté “entre su pueblo”, es decir, si ella tiene conocidos que puedan enterrarla, porque él profanaría su status de kohén. En el caso de que ella no estuviera “entre su pueblo”, sería un “met mitsvá”, y en tal caso el sacerdote no perdería su sacerdocio a la hora de sepultarla. Los hijos de una unión entre un sacerdote y una mujer no permitida para él no tienen el status sacerdotal y no podrán comer de las cosas consagradas.



21:6 “Serán santos a su Elohim y no profanarán el nombre de su Elohim, porque presentarán las ofrendas encendidas a HaShem, el pan de su Elohim; por tanto, serán santos.” – Elohim no necesita los sacrificios para alimentarse. ¿Entonces qué que tipo de alimento puede constituir los sacrificios? Alimentan la relación entre HaShem y su pueblo.

22 de abril de 2010

Parasha Semanal

AJAREI MOT / KEDOSHIM
Iojanán bar Moreh

La parashah para este shabat es también compuesta. Ajere Mot y Kedoshim y comprende los versos de Vaiqrá 16:1 a 20:27 La parashah Kedoshim comprende los capítulos 19 y 20 de Vaiqrá y contienen el mandamiento clave de ser santos como el Eterno es santo. La parashah Ajaré Mot (Después de la Muerte) se compone de tres partes. Cada parte corresponde a un capítulo El capítulo 16 trata con el ceremonial de la festividad de Yom Kipur; el capítulo 17 se refiere al sacrificio de animales para el consumo humano; y el capítulo 18 se refiere a moralidad sexual.
Estudiando las miztvot del Eterno nos encontramos en estas parashot con una larga lista de mandamientos. Así tenemos las mitzvot 184 a 211 en la parashah Ajare Mot y las mitzvot 212 a 262 en la parashah Kedoshim Como en las parashot anteriores, vamos detenernos en la primera mitzvah: Mitzvah 184: Prohibición para los cohanim de entrar en el Santuario en todo momento (Vaiqrá 16:2)

Dice el texto:

1. Vaiedaber YHWH el Mosheh ajaré mot shené bené Aharón, beqorbatam lifné YHWH vaiamutu
2. Vaiómer YHWH el Mosheh: daber el Aharón ajija veal iabó vejol et el haqódesh, mibet laparójet el pené hacapóret asher al haarón veló iamut, ki beanán eraeh al hacapóret

1- El Eterno habló a Mosheh después de la muerte de los dos hijos de Aharón,
cuando se acercaron delante del Eterno y murieron.

2. El Eterno dijo a Mosheh: “Habla a tu hermano Aharón que no venga en todo momento al Santuario, al interior del Velo, frente a la Cubierta que está sobre el Arca para que no muera; pues con una nube Yo me aparezco sobre la Cubierta.

El Eterno habló a Mosheh
después de la muerte de los dos hijos de Aharón, cuando se acercaron delante del Eterno y murieron. Hay varias maneras de enfocar este mandamiento que a primera vista como es
enunciado de una manera tan abstracta, prohibición a los cohanim de entrar en el Santuario en todo momento, sin tener en cuenta el contexto, aparece como un mandamiento contradictorio con la función del sacerdote dada por el mismo Eterno, que es entrar en el santuario. O no parece tener razón de ser, arbitrario, o parece demasiado fuerte, pena de muerte, si tal vez navertidamente.se lo quebranta Una primera manera de enfocarlo es teniendo en cuenta el versículo 1 como contexto. De esa manera encontramos el Midrash Torah Cohanim que dice que el Eterno le habló dos veces a Mosheh, pero en el verso 1 no se dice que le dijo.

Esto lleva a que Rashí se pregunte por qué la Torah escribió el segundo enunciado sin previamente haber especificado qué fue lo que Eloha había dicho a Mosheh en el primero. En efecto, el primer versículo especifica cuándo fue que Eloha habló a Mosheh (“después de la muerte de los dos hijos de Aharón”). Sin embargo no especifica qué fue lo que le dijo (Séfer haZikarón) Y ¿por qué la Torah obró así con estos dos versos?. Rashí acude a un midrash1.
Rabí Elazar ben Azariá lo explicó con una parábola: esto puede ser comparado con un enfermo a cuya casa entró un médico. El médico le dijo: “No comas alimentos fríos y no te acuestes en un lugar húmedo”. Después vino otro médico y le dijo: “no comas alimentos fríos y no te acuestes en un lugar húmedo, para que no mueras como murió fulano”. Al decirle esto, es obvio que el segundo médico lo incitó a seguir sus instrucciones mucho más que el primero. Es por la misma razón que en este versículo, la Torah primero declara que Eloha le habló “después de la muerte de los dos hijos de Aharón”, y luego prosigue: “Y el Eterno dijo a Mosheh: habla a tu hermano Aharón. Que no venga en todo momento al Santuario”, es decir, al qodesh haqodashim, detrás del velo [parójet] donde estaba el Arca del Testimonio, donde estaban depositadas las Tablas que Eloha había entregado a Mosheh y su cobertura de oro el [Capóret] Con ello quería advertirle que no entrase para que no muriese como habían muerto sus hijos

8 de abril de 2010

Parasha Semanal

Parashá 26 Sheminí

Levítico 9:1 – 11:47

Por Dr. S. K. Blad

Prohibida toda reproducción lucrativa.

En toda reproducción está prohibido alterar el contenido y es obligatorio citar la fuente.

Aliyás de la Torá:

  1. 9:1-16
  2. 9:17-23
  3. 9:24 – 10:11
  4. 10:12-15
  5. 10:16-20
  6. 11:1-32
  7. 11:33-47
  8. Maftir: 11:45-47

Haftará: 2 Samuel 6:1 – 7:17 (A); 6:1-19 (S)

Los Escritos Apostólicos: Mateo 7:1 – 9:38

Sheminí

Significa “octavo”.

Comentarios

Primera aliyá, 9:1-16

9:1 “Aconteció en el octavo día que Moshé llamó a Aharón, a sus hijos y a los ancianos de Israel” – Según Rashí y el Midrash, este octavo día coincidía con el primer día del primer mes del segundo año, el 1 de Nisán, cf. Éxodo 40:2, 17.

El octavo día que sigue a un período de siete días es un día especial en la Escrituras:

- El día de la circuncisión de los niños varones.

- El octavo día después de la fiesta de Sukot, llamado Sheminí Atseret.

- La resurrección de Yeshúa.

- Como un día representa mil años, el octavo día simboliza el octavo milenio después de la creación del hombre, cuando serán introducidos los nuevos cielos y la nueva tierra y el Reino será entregado por el Mesías al Padre.

9:2 “y dijo a Aharón: Toma un becerro para la ofrenda por el pecado, y un carnero para la ofrenda de ascensión, sin defecto, y ofrécelos delante de HaShem.” – Ahora le toca a Aharón sacrificar por primera vez en su vida. Lo primero que tenía que sacrificar era un becerro para la ofrenda por el pecado. Normalmente se daba un toro por el pecado de un sacerdote, cf. Levítico 4:3, pero aquí Aharón tendrá que ofrecer un becerro. Según el Midrash[1] y Rashí, esto fue con el propósito de expiar por el pecado del becerro de oro. No obstante, Sifrá destaca que ese pecado ya había sido perdonado por la intercesión de Moshé.

9:6 “Y Moshé dijo: Esto es lo que HaShem ha mandado que hagáis, para que la gloria de HaShem se aparezca a vosotros.” – Estos son los pasos a seguir para poder experimentar la gloria de HaShem:

· “Esto es lo que HaShem ha mandado” – corresponde al estudio de la Torá.

· “que hagáis” – corresponde a la obediencia a la Torá.

· “La gloria de HaShem se aparezca a vosotros” – el resultado de los dos primeros.

9:7 “Entonces Moshé dijo a Aharón: Acércate al altar y presenta tu ofrenda por el pecado y tu ofrenda de ascensión, para que hagas expiación por ti mismo y por el pueblo; luego presenta la ofrenda por el pueblo, para que puedas hacer expiación por ellos, tal como HaShem ha ordenado.” – Por segunda vez Moshé le dice a Aharón que presente su ofrenda. Esto nos hace pensar que Aharón estaba dudando y por eso no se atrevía a acercarse al altar. Moshé le anima de nuevo para que tome su lugar como el gran sacerdote y haga su trabajo. Esta Escritura nos enseña que no debemos avergonzarnos demasiado por nuestros pecados, sabiendo que HaShem ha provisto con un sacrificio perfecto para que podamos tener acceso al servicio sagrado delante de Él. HaShem había perdonado a Aharón. Es posible que él haya tenido mala conciencia y vergüenza por su gran pecado. Pero esta escritura resalta la gran misericordia de HaShem al permitir a un gran pecador ocupar el puesto más alto de la nación. Aharón es un hermoso ejemplo del perdón de HaShem.

Querido lector, si te has arrepentido de todos tus pecados, entre los cuales, posiblemente, algunos hayan sido muy graves en los ojos de HaShem, y si has confesado tus pecados pidiendo perdón y puesto que confianza en la misericordia de HaShem, puedes estar seguro de que Él te haya perdonado, como está escrito en 1 Juan 1:9:

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.”

También está escrito en Jeremías 31:34b:

“perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado.”

Este texto nos enseña que cuando HaShem perdona, también hace olvidar nuestro pecado. Sin embargo, conforme uno va creciendo en el espíritu se da cuenta de la gravedad de los pecados que uno ha cometido en el pasado, como está escrito en el Salmo 25:7:

“No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones; acuérdate de mí conforme a tu misericordia, por tu bondad, oh HaShem.”

El hecho de recordar el pecado de la juventud viene del Espíritu de HaShem que nos va instruyendo acerca de todas las cosas. Al principio cuando uno se arrepiente de los pecados, no es realmente consciente de la gravedad de ellos. Por eso, cuanto más madurez espiritual haya en una persona, más pecador se considera al mirar hacia atrás, avergonzándose por lo que ha hecho. Esto viene del Espíritu.

¿Pero no dice la Escritura que HaShem nunca se acordará más de los pecados, según el pacto renovado?

Sí, es cierto, Él se hace olvidar nuestros pecados en el sentido de que nunca, nunca nos los recuerda en la cara con el fin de humillarnos o hacernos sentir culpables. Eso es lo que hace el acusador, hasatán. Cuando HaShem perdona, lo hace de verdad, y nos considera como si nunca hubiéramos cometido esos pecados.

Sin embargo, por el otro lado hay un crecimiento en la conciencia del pecador arrepentido acerca de la gravedad de lo que ha cometido, no para condenar o avergonzar, sino para enseñarlo acerca de la inmensa misericordia de HaShem y el resultado poderoso de la redención del Mesías. El Espíritu de HaShem también nos hace recordar lo que hemos hecho para que no nos enorgullezcamos sino nos mantengamos humildes. ¡Nunca te olvides de dónde te sacó HaShem!

Este proceso de concienciación de la gravedad del pecado cometido en la juventud, se puede ver en la vida del shaliaj Shaúl, como está escrito en 1 Corintios 15:9:

“Porque yo soy el más insignificante de los emisarios, que no soy digno de ser llamado emisario, pues perseguí a la congregación de Elohim.”

Esta es una de las primeras cartas del shaliaj. Más adelante vemos como la conciencia de la gravedad de su pecado ha aumentado. Ya no habla de sí mismo como el más insignificante de los emisarios, sino como el más pequeño de todos los santos, según está escrito en Efesios 3:8:

“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas del Mesías.”

Al final de su vida habla de sí mismo como el más grande de los pecadores, no por lo que estaba haciendo en ese momento como creyente maduro, sino por lo que había hecho en su juventud, como está escrito en 1 Timoteo 1:15-16:

“Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: El Mesías Yeshúa vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. Sin embargo, por esto hallé misericordia, para que en mí, como el primero, Yeshúa el Mesías demostrara toda su paciencia como un ejemplo para los que habrían de creer en él para vida eterna.”

Ciertamente nuestros pecados han sido borrados y perdonados por la muerte del Mesías, representada en los sacrificios de pecado. Pero conforme vayamos creciendo espiritualmente entendemos cada vez más la gravedad de lo que hemos hecho. Entonces surge en nosotros una inmensa gratitud que produce una alabanza eterna a HaShem por la obra salvadora mediante el Mesías que nos ha alcanzado.

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